Para Carlos Vives
Empezó a sonar el acordeón de botones:
—Acordate, Moralito, de aquel día que estuviste en Urumita y no quisiste hacer parranda. Te fuiste de mañanita, sería de la misma rabia.
—Oye, paisa, qué buen día, somos felices, con ese acordeón y echados en estas hamacas. El sol aún abriga, y nuestras esposas reposan en nuestros brazos.
—Sí, paisita, ¡qué disfrute, por Dios!
Para Carlos Vives, el que pone alegría y calidez, como lo es el vallenato. |
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